El trabajo con Apple, una filosofía de vida
Productora Abbey

La casa dentro de la que se esconde Abbey (el estudio de publicidad de Javier Lorenzo), el jardín que hay que cruzar para acceder a ella y lo cuidado de la decoración de sus salas hacen que este paraíso en el centro de Madrid no parezca un lugar de trabajo, sino más bien un sitio al que retirarse a descansar. Cuando Javier nos habla sobre su «filosofía de vida» en el trabajo, entendemos lo importante que es para él encontrarse en un entorno agradable y que al mismo tiempo marque un punto de diferencia.

Operador editando con el Mac.

Estación de edición, trabajando con altos volumenes de información. Para cual se valen tanto del Xserve como del Xserve RAID.

Nada más entrar, lo primero que nos llama la atención es un Mac 128 k colocado sobre una Sun de Silicon Graphics. Javier asegura que esta disposición no es gratuita: según nos explica, la Sun es una máquina espectacular, pero sólo una máquina para hacer procesos. Sin embargo Apple, un mundo al que pertenece desde 1984 (los 21 años que tiene ese Mac 128 k), le sirve como referencia para su propio trabajo: «Lo que más me gustó desde el principio, y me sigue gustando, es la importancia que siempre ha dado Apple a la tipografía; si tú estás trabajando y el entorno en el que lo haces tiene un nivel muy superior a lo que estás haciendo (sólo hay que ver los iconos que tienes debajo, cómo se abren y cómo se animan), eso ya te está dando una base muy importante para saber que no estás llegando a ese nivel, que debes hacerlo mejor».

De hecho, Javier confiesa que le gusta trabajar con personas que utilicen Macintosh porque tienen una sensibilidad distinta, una forma de ver y de elegir colores, formas o animaciones diferentes. «Como les ocurre a las personas que desde pequeñas han vivido en una casa llena de obras de arte: luego tienen mucho más criterio y sensibilidad para apreciar las cosas, para distinguir entre lo bonito y lo no tan bonito; es un filtro muy importante», concluye.

Esta filosofía de vida se traslada, por supuesto, al trabajo diario: la clave está en disfrutar, y por eso eligió Apple. «Hay veces en la vida en que lo interesante del viaje es el final, dónde termina, y otras en las que se puede disfrutar muchísimo del viaje, y lo que te da Apple es una muy buena herramienta para divertirte en el camino, aunque el final, por otros motivos, a veces no sea todo lo maravilloso que nos gustaría», nos confiesa en tono metafórico.

«Somos una productora de publicidad pequeña precisamente porque valoro más disfrutar del proceso y pasarlo bien», añade. Declara, además, no considerarse informático («por eso quiero una máquina que todo lo que sea informático me lo quite»), y ésa es otra de las razones por las que trabaja con Apple: no necesita mantenimiento ni contratar a nadie externo. «Entiendo que para la gente a la que le gusta “cacharrear” el Mac no resulta atractivo, pero a mí no me interesa eso, ni tener que meter un montón de drivers; yo quiero que mi magia no esté en la administración de la máquina, sino en la utilización de una aplicación».

En este sentido, no duda en reconocer que le encanta el hecho de «ir perdiendo programas» según va pasando de máquina a máquina. Para él, muchas de las aplicaciones que tiene instaladas ya son suficientes para realizar un buen número de tareas, como es el caso del paquete Production Suite, que ya utilizan, o de Shake 4, con la que van a empezar ahora debido a su buena integración con el anterior. «Lo bueno es que el que está haciendo la máquina es el mismo que está pensando en el sistema operativo, que es el mismo que está pensando en la aplicación… desde mi punto de vista, todo esto nos está ayudando muchísimo». Aunque confiesa estar prácticamente «aterrizando» en Final Cut, ya ha podido experimentar las ventajas de poder trabajar con menos ficheros, o de poder exportar a Soundtrack Pro o a Motion 2 y luego no tener que volver a sincronizar. «Con un solo clic, cuando vuelves a la línea de tiempo de Final Cut ya lo tienes todo, y al final es un ahorro de tiempo realmente importante».

“Entiendo que para la gente a la que le gusta “cacharrear” el Mac no resulta atractivo, pero a mí no me interesa eso, ni tener que meter un montón de drivers; yo quiero que mi magia no esté en la administración de la máquina, sino en la utilización de una aplicación”

Todo esto está marcando unas diferencias enormes en el mundo audiovisual: desde sus comienzos en el 35 mm «puro y duro», cuando se rodaba en cine y había que mantener decorados y modelos hasta que se mandaba el negativo al laboratorio y salía el copión, pasando por los primeros trabajos en vídeo hasta que apareció el primer aparato digital, que sólo permitía rodar a 30 ó 45 segundos. La forma de trabajar, por tanto, es muy distinta, y son los cambios los que han permitido mejorar, pero con ellos también se ha perdido parte de la «magia»: «Antes, todo lo que hacías era muy especial porque manejabas unos procesos que para la mayoría de la gente eran muy complicados; ahora, desde el momento en que en todas las agencias hay una persona capaz de manejar un Mac y hacer un montaje, ya a nadie le parece fantástico».

 
 
 
 

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