Coppola y Murch: Una segunda juventud
Tras diez años alejado de la dirección, Francis Ford Coppola vuelve con una película completamente diferente y con un enfoque de la realización radicalmente nuevo. Rodada con un presupuesto bajísimo en Rumanía, Youth Without Youth, una adaptación de la novela del historiador de las religiones rumano Mircea Eliade, constituye una profunda reflexión acerca del tiempo y la consciencia en los exóticos laberintos de una inquietante historia de amor internacional.
Aunque quienes busquen un Padrino rumano («Suelta la pistola, coge ese gogoşi») pueden llevarse una decepción, los verdaderos fans quedarán impresionados con la habitual ópera visual de Coppola: escenas cotidianas elevadas a lo sublime mediante encuadres e iluminación, actuaciones de alto nivel —especialmente la de Tim Roth en el papel de Dominic Matei un viejo profesor de linguística rejuvenecido por un rayo— y un ejercicio de virtuosismo en la dirección de tomas y secuencias complejas, todas exquisitamente integradas con la orquestación y el sonido.
Tim Roth y el realizador Francis Ford Coppola.
Foto de Cos Aelenei. © 2006 American Zoetrope INC, cortesía de Sony Pictures Classics. Todos los derechos reservados.
Tras décadas de esfuerzos de realización por cuenta ajena en estudios con el único fin de saldar las deudas acumuladas en la desaparición de sus ambiciosos estudios Zoetrope, Coppola ha encontrado el modo de hacer la película que quería y de la forma en que quería. Su amiga de la niñez Wendy Doniger le dio a conocer la obra de Eliade, un profesor de Ciencia de la religión de la Universidad de Chicago. Cuando su proyecto cinematográfico Megalopolis, un antiguo plan para una película sobre una nueva utopía en la Nueva York del futuro cercano, naufragó a causa de los tristes acontecimientos del 11S, Coppola desvió su interés a la novela corta de Eliade. Dice Coppola: «De repente pensé: “Esto puedo convertirlo en una película. No voy a contárselo a nadie, simplemente empezaré a hacerla”».
Coppola admite que, como el protagonista Dominic, estaba perplejo por su incapacidad para terminar su último trabajo importante. «A los 66 ya estaba frustrado», dice. «No había hecho una película en ocho años. Los negocios me iban bien, pero mi vida creativa estaba incompleta».
Con sus proyectos, Coppola también decidió volver a la realización personal, de bajo presupuesto y sin apoyo externo, el tipo de esfuerzo en el que se involucró antes de que el éxito rampante de El Padrino cambiase el curso de su carrera. Exploró localizaciones en Rumanía, contrató a un reparto y equipo técnico en su mayoría rumanos, incluido al joven director Mihai Malaimare Jr., e hizo que su personal montara especialmente dos cámaras digitales Sony 900S, objetivos y demás equipamiento necesario para crear todo un estudio sobre ruedas en una furgoneta Dodge Sprinter.
El rodaje comenzó en octubre de 2005 y duró 85 días. «Siempre he estado convencido de que si trabajas en una película cuyo tema te interesa, el simple hecho de hacerla garantiza que aprenderás con ella», explica Coppola. «Cuando leí la historia, supe que si hacía la película aprendería a expresar el tiempo y los sueños en cine. Rodar una película es como hacer una pregunta, sólo que al final la propia película es la respuesta».
Para que le ayudara a elaborar una respuesta lo más clara posible, Coppola recurrió a su viejo colaborador y tres veces oscarizado Walter Murch, que se encargaría del montaje de imagen y sonido. «Siempre le pregunto», dice Coppola. «El talento de Walter es único porque es un cineasta multidimensional de verdad: escribe, dirige y es una persona muy creativa que ve las oportunidades para contar la historia de una manera mejor, más eficaz o más original».
Como Murch estaba terminando el montaje de Jarhead para Sam Mendes cuando Coppola estaba listo para empezar a rodar, el director creó un primer montaje de Youth Without Youth en Final Cut Pro, trabajando con la asistente de dirección rumana Corina Stavila. «Heredé un montaje», afirma Murch. «Se había rodado en HDSR 4-2-2 y rebajado su resolución a DV porque estaban trabajando en una única estación Final Cut básica en Rumanía con sólo unos pocos terabytes de espacio en disco duro».
Murch dice que usar Final Cut Pro fue «un regalo, teniendo en cuenta el presupuesto con el que contaban. Además, Corina conocía Final Cut y Francis sabía que lo había estado usando desde Cold Mountain. Pero no me consultó la decisión de la plataforma, simplemente optó por Final Cut Pro por todas las razones que hacen de Final Cut una herramienta tan estupenda».
Para manejar las 170 horas de material rodado por Coppola (la mayor cantidad de tomas con las que Murch ha tenido que trabajar hasta la fecha como montador único), Murch decidió visionarlo todo. «Corina trajo el montaje a San Francisco y lo pasamos en el cine Letterman de Lucasfilm. Dedicamos varios días a reuniones con Francis, Corina y Osvaldo Golijov (el compositor) para discutir en qué punto estaba la película y adónde queríamos llevarla. Entonces Francis se fue cinco semanas de vacaciones para empezar a escribir su siguiente guión, así yo me senté y fingí que estaban rodando la película en ese momento. Cada día revisaba cinco horas de tomas o así, trabajaba normalmente y tomaba notas».
Además de cortar el metraje montado de tres horas a dos, la duración deseada por Coppola para su película, Murch necesitaba obtener el máximo de claridad y equilibrio narrativos. «Tenía el problema de mantener controlada la metafísica que empapa toda la novela», dice Murch. «Había tantas historias en la trama —muchas más que en la versión final de la película— y las discusiones metafísicas eran tan largas e intensas, que la cuestión era descubrir cómo reducirlas y conseguir a la vez que la película siguiera siendo fiel».