Proximamente en sus pantallas
La fiesta del chivo

En un piso convertido en estudio de una céntrica calle de Madrid se está terminando de montar La fiesta del Chivo, una película dirigida por Luis Llosa y basada en la novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Se trata de una coproducción angloespañola en la que intervienen, entre otros, Isabella Rosellini, Tomás Milian y Juan Diego Botto. Allí nos recibe el montador de la cinta, Alejandro Lázaro, junto con su ayudante, Manuel, y parte del equipo de Mass Digital, la empresa que les ha proporcionado los medios y el soporte para este proyecto, al que se han lanzado de lleno con Final Cut Pro.

«Hacía mucho tiempo que quería trabajar en Final a 24 fotogramas por segundo», confiesa Alejandro. De hecho, habían hecho pruebas anteriormente con Apple y en ese momento barajaron la posibilidad de usar esa herramienta para montar 800 balas, aunque finalmente no se materializó porque consideraron que no era el momento. Sin embargo, en este caso ciertos aspectos de la película les ayudaron a decidirse rápido. La fiesta del Chivo se ha rodado en Madrid y en Santo Domingo, y durante 2 meses se ha montado en Perú, lo que les obligaba a tener un equipo transportable. Para ello, han contado con un PowerBook G4 y dos Power Mac G5 con Production Suite. «De esta forma hemos podido enviar al director, que estaba en Perú, todo el material que montábamos en España».

“Es importante que las máquinas te permitan dar un valor a tu trabajo, que no te den problemas, que sean prácticas y fáciles de usar, que sean asequibles para tener varias y que puedan utilizarse en diferentes sitios; ante todo eso, esta herramienta ha respondido a la perfección”

En este sentido, el hecho de contar, por un precio razonable, con dos equipos que les permitieran trabajar a 24 fps en lugar de a 25 fue clave. La alternativa era trabajar con Avid, «pero en España no hay ninguna productora que soporte el coste de trabajar con dos Avid». Así que, después de varias pruebas, se decantaron por una configuración bastante estándar, «nada ostentosa, pero que a nosotros nos ha funcionado muy bien», en sus palabras. Un total de 120 horas de película rodadas entre imagen y sonido y más de 700 GB de información en calidad DV… Un camino en el que han contado con el soporte de Mass Digital, pero que también ha resultado una experiencia muy individual: «en España hay mucha gente que usa Final pero muy poca que lo hace en cine»

Alejandro nos explica que la base de todo está en la dificultad que encuentran los montadores para trabajar a 24 fps en un sistema que no fuera Avid: las películas se ruedan a 24 fotogramas y todos los cines del mundo proyectan a esa velocidad, pero hasta ahora no había casi ninguna herramienta de edición que no fuera a 25, lo que suponía un verdadero problema para los montadores. Alejandro se muestra esperanzado en este sentido, ya que está convencido de que éste es un problema que con el tiempo acabará resolviéndose; mientras tanto, la solución que ha encontrado con Final Cut le satisface plenamente.

Operador editando con el Mac.

Ver al actor Tomás Milian en su papel de Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano que encabezó una de las dictaduras más sangrientas de América Latina, en el monitor de un Power Mac G5 antes que en la gran pantalla podría parecer extraño. Si al lado nos encontramos con otro monitor en el que aparecen datos, números y líneas junto a la misma imagen, enseguida atamos cabos: se está montando la película.

«Es importante que las máquinas te permitan dar un valor a tu trabajo, que no te den problemas, que sean prácticas y fáciles de usar, que sean asequibles para tener varias y que puedan utilizarse en diferentes sitios; ante todo eso, esta herramienta ha respondido a la perfección».

Pero no se trata sólo de una cuestión de precio en términos absolutos: «Lo importante es que por el mismo precio por el que tienes un Avid, puedes contar con un sistema con dos máquinas, que te permiten trabajar mejor porque lo haces en equipo». Y es que este concepto de equipo es fundamental en su idea de lo que es un buen montaje. Nos cuenta que, antes, todos los proyectos de montaje requerían un equipo compuesto por cuatro personas (el montador, el ayudante, el auxiliar y el meritorio), lo que permitía que hubiera un proceso de trabajo organizado en el que el montador se dedicaba a editar la película y donde, además, existía un eje principal, que era el ayudante, encargado de gestionar los recursos de montaje.

Con el tiempo y la ayuda de las productoras, cuya filosofía es abaratar costes, sobre todo de personal, esta conciencia de equipo se está perdiendo y se está dando el caso de que, una vez que se ha terminado de rodar la película, los ayudantes se van y el montador se queda solo: «El montador monta y el ayudante aparece al final para terminar un poco la película, entregar la lista de cortes y eso es todo». Para Alejandro, esta forma de trabajar es una aberración, ya que cuando se trabaja sólo con una máquina, si la usa el montador no puede hacerlo el ayudante, y se pierde la entidad de equipo. «En el fondo, el ayudante es quien gestiona toda la información, hay muchísimas cosas, desde la información hasta la gestión de todo el proyecto, que sólo pasan porque está él, no porque está el montador, y una herramienta como ésta sí te permite trabajar así, nos ofrece una gran capacidad de comunicación».

Sin olvidar, por supuesto, la calidad de imagen. Según nos explica el propio Alejandro, la que Final Cut les proporciona es excelente, mientras que antes para obtener un resultado similar necesitaban archivos de compresiones enormes. Además, al ser todo proyectable, pueden ver al instante la calidad que obtienen. Tanto es así que hasta reciben felicitaciones desde el laboratorio de imagen donde las envían, «les sirven mucho como referencia, y además el flujo de trabajo propio de una película –escaneado, digitalización de archivos, impresión…- exige un proceso de organización muy determinado y unas entregas muy correctas»

 
 
 
 

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