«Si un diseño no me llama, algo va mal. Y si no soy capaz de imaginarme a mí mismo utilizando los espacios que diseño, ni se me ocurre presentarlos»

Michel Rojkind: Una estrella en alza

Rojkind ofrece una muestra en la exposición Open House del Vitra Design Museum, que se presentó el año pasado en Essen (Alemania) y ahora está de gira. La exposición tendrá lugar en marzo en Pasadena. El reto, imaginar la casa del futuro, atrajo bocetos de noventa arquitectos de todo el mundo; Rojkind fue uno de los doce finalistas.

«Decidí centrarme en diseñar una casa para las personas mayores», afirma Rojkind. «Creo que debemos pensar en un futuro en el que podamos vivir y morir en nuestra propia casa. La población está envejeciendo, los gobiernos no disponen de recursos suficientes para atender a los mayores y a la gente no le gustan las residencias ni los hospitales. Creo que debemos pensar en cómo podemos hacernos mayores en nuestros hogares utilizando la tecnología y la medicina preventiva. Para este concurso, pensé en cómo vivieron mi abuela y mi madre, cómo vivo yo y cómo vivirán mis hijos».

Además, Rojkind fue uno de los seis finalistas entre los 600 participantes en un concurso mundial para proyectar una torre residencial en Toronto. Su idea para el edificio de 60 pisos y 520 viviendas presenta lo que llama un sentido orgánico. «Me propuse descomponer esa modulación directa y neurótica de la estructura que es tan corriente», explica. «Mi diseño incluye una malla externa, un exoesqueleto que crea un espacio interior diáfano, sin columnas que se interpongan en el diseño de las viviendas. Desde el exterior se ve una línea curva e impredecible».

Completamente Mac

Rojkind siempre ha confiado en el Mac para dar vida a sus ideas: desde que tenía 18 años, cuando era batería de una banda de rock 'n' roll y usaba Digital Performer para componer secuencias y samples en su PowerBook, hasta su oficio actual, para el que utiliza Archicad y otros programas con su MacBook Pro de 17 pulgadas y su Cinema Display de 20 pulgadas.

Además, Rojkind fue siempre por delante. «Cuando empecé, no había un solo arquitecto en México que utilizara el Mac para el dibujo arquitectónico», señala. «Actualmente, cada vez más usan Apple. En lo que a mí respecta, adoro el entorno Apple. Me gusta trabajar con el Mac».

Así, se lleva de buena gana su Mac a conferencias y congresos por todo el mundo, y se afana en la conversión de los no iniciados. «Al principio —comenta entre risas— sacaba mi MacBook y la gente se sorprendía». «Me preguntaban: "¿Crees que nuestro proyector funcionará con tu Mac?" Y yo respondía: "¡Desde luego!" O me preguntaban: "¡Vaya! ¡Un Mac! ¿Qué programas utilizas?" Y yo contestaba: "¡Los que quiera!" Me encanta derribar mitos».

De vuelta a la oficina, sus diseños evolucionan a partir de una mezcla de bocetos trazados a mano, modelos digitales y maquetas físicas. En ocasiones, su empresa crea películas RV de QuickTime, que simulan objetos y espacios en 3D, para transmitir a sus clientes conceptos complejos.

Rojkind, un verdadero forofo del Mac, está encantado de desterrar un mito: «Algunas personas siguen creyendo que el Mac no es lo bastante preciso para la arquitectura, que puedes usarlo para dibujo y gráficos, pero que necesitas un PC para las estructuras y la construcción. Es un completo error», afirma rotundamente. «El Mac es perfectamente preciso. Así, cuando envío archivos directamente desde mi Mac a una impresora en 3D, es sorprendente. No necesitas una estación de trabajo de Silicon Graphics: el Mac es el mejor sistema disponible».

Colaboración sin trabas

Para Rojkind, las ventajas de su plataforma favorita son tangibles. «Utilizo un montón de programas al mismo tiempo», comenta. «Mis colegas que usan PC no pueden pasar de uno a otro como hago yo, que trabajo en un proyecto con una aplicación de diseño en 3D, paso a un programa de generación, después a Photoshop y vuelvo de nuevo al diseño en 3D. Con el Mac, siempre es muy rápido y sencillo».

El arquitecto agradece cómo su plataforma se presta a la colaboración. «Cuando me embarco en un concurso internacional —explica—, llego a trabajar con cuarenta personas por todo el mundo. Con el Mac, puedo distribuir información utilizando Skype, el correo electrónico, Apple Remote Desktop y un montón de aplicaciones, lo que nos permite, en realidad, realizar trabajos en diferentes países al mismo tiempo».

La compatibilidad, asegura Rojkind, es un aspecto fundamental de la arquitectura. «La gente me pregunta: "Si haces un plano arquitectónico en tu Mac, ¿cómo se lo envías a tu ingeniero de estructuras, que trabaja con un PC?" Yo les digo que eso no supone ningún problema. El Mac ya se ha cuidado de eso. He convencido a muchos de que se pasen al Mac. Estoy completamente enganchado a este sistema y no lo cambiaría por ningún otro».

Un enfoque con principios

Rojkind se compromete en cuerpo y alma con cada proyecto que acomete. «Si un diseño no me llama —asegura—, algo va mal. Y si no soy capaz de imaginarme a mí mismo utilizando los espacios que diseño, ni se me ocurre presentarlos».

Adoptar estos principios mantiene al joven arquitecto en contacto con su brújula interior, aunque la aguja no siempre señala un rumbo definido. «Decido hacer aquello en lo que realmente creo», dice llanamente. «Por tal motivo, proyectar una casa con pilastras romanas para un cliente que exige pilastras romanas, sólo por el dinero, es algo que jamás aceptaré».

«Es una cuestión personal», concluye. «Preferiría volver a ser un batería antes que hacer una arquitectura que me defraude».

 
 
 
 

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