Graham Watson: escapada
Una de las escapadas más notables y menos recordadas del Tour de Francia de 1977 no fue lanzada por un incansable pelotón de ciclistas, sino por un motivado fotógrafo independiente: Graham Watson. Hasta 1977, Watson era un retratista de formación clásica que había aprendido los fundamentos de la composición, iluminación, exposición, positivado y revelado en el estudio de Lenare, fotógrafo de la sociedad londinense, cuando un cambio en apariencia sencillo en su medio de desplazamiento diario motivó un giro total en su carrera.
«Había comenzado a montar en bici para ir y volver de Londres porque no podía permitirme pagar el billete del tren», explica Watson. «Descubrí por casualidad la carrera ciclista del Tour de Francia en el verano de 1977. Tenía 23 años, lo suficiente como para saber que quería hacer algo diferente, nada de retratos ni de trabajar en un estudio. Se me daba bastante bien la fotografía y tampoco era malo como ciclista, de modo que ¿por qué no combinar las dos?»
La escapada estaba en marcha. Poco después de ver su primer Tour, Watson ganó un concurso de fotografía organizado por la revista «Cycling Weekly», lo que le ayudó a conseguir trabajos continuos fotografiando carreras por todo el Reino Unido, así como trabajos ocasionales siguiendo carreras en Europa.
Uniendo sus dos pasiones, la fotografía y el ciclismo, Graham Watson sigue el circuito profesional 180 días al año.
Subida empinada
Durante aquellos años, Watson combinó la fotografía y el ciclismo de forma literal: en una ocasión tuvo que pedalear durante más de 200 km para cubrir la carrera Paris-Roubaix de 1980. Pero, a mediados de la década de los 80, la lista de clientes de Watson había crecido hasta incluir a revistas de todo el mundo, y se había ganado un nombre entre la élite de los fotógrafos del ciclismo profesional con acceso a todas las carreras. En la actualidad, cubre el circuito profesional 180 días al año de enero (Australia) a octubre (Italia) con instantáneas de una composición increíblemente buena, capaces de recoger en casi todas las tomas la pasión de los corredores junto con la belleza de los paisajes.
Las mejores instantáneas de Watson viajan más que el mismo Watson, y llegan hasta publicaciones y sitios web de clientes como la Unión internacional de ciclistas (el cuerpo que regula el deporte), las principales revistas de ciclismo y los equipos más importantes, así como al propio sitio web de Watson, en el que sus seguidores disfrutan de fotos a diario.
Perseguir al Tour
Pero el acontecimiento que está detrás del mayor esfuerzo anual de Watson y posiblemente detrás de sus mejores fotos es el mismo que le lanzó como fotógrafo de ciclismo. «Para mí, el Tour de Francia no es una carrera ciclista», afirma. «Es mucho más grande que cualquier otra».
En 1987, para adaptarse al tamaño de la cita, Watson modificó de nuevo su medio de desplazamiento. «Ahora sigo el Tour cada día desde una moto», explica. «Cuando empecé a finales de los 70 y principios de los 80, seguía el Tour con mi bicicleta por toda Francia, pero finalmente conseguí mi acreditación para el Tour gracias a mi cartera de clientes. Me abrió un mundo nuevo que para la mayoría de las personas ni siquiera existe».
La motocicleta, con uno de los dos pilotos regulares a los mandos, ofrece a Watson la posibilidad de seguir o de adelantar al pelotón, así como de realizar sus tomas con dos cámaras distintas y cinco objetivos diferentes para llevar el hermético mundo del Tour hasta sus insaciables seguidores.
Watson es muy práctico en lo tocante a su capacidad de encontrar y realizar instantáneas con un equilibrio clásico mientras persigue a un pelotón en movimiento. «La experiencia lo es todo para mí», reitera. «Casi siempre sé lo que va a pasar antes de que suceda. Por supuesto, no de forma literal: a veces me equivoco. Pero voy leyendo la carrera, de modo que si estamos subiendo un puerto o si está lloviendo, me anticipo y puedo planificar mis fotos en base a ello».
Watson también comienza cada día con una lista de deseos. «Si una etapa discurre por alguna zona bonita de Francia, obviamente dicha belleza es tan importante para cualquiera como la misma acción», explica. «Pero los seguidores del Tour de Francia lo quieren todo: quieren la belleza, la acción, las caídas, el drama, la emoción, la gloria, la tristeza... todo».
Para delicia de sus clientes y admiradores, Watson lo ha conseguido de sobra mientras cubría 25 Tours consecutivos. Cuando se le pregunta acerca de algún evento memorable del Tour, Watson refiere los esfuerzos de Lance Armstrongs en 2003, cuando el ciclista se cayó dos veces pero se levantó para atacar y ganó tanto la etapa como la carrera. «Con Lance era fácil», recuerda. «Era el número uno, de manera que le seguía de forma natural. No todo el tiempo, pero sí la mayor parte del tiempo».
