Cómo Amy Heimerl enseña con el iPad.

“Con el método de enseñanza correcto, las apps adecuadas y el uso del iPad combinado con los métodos tradicionales, nuestros alumnos pueden hacer más de lo que han hecho hasta ahora”.

Amy Heimerl, profesora de primaria, Park Avenue Elementary, Auburn, Maine, EE. UU.

Apps en el aula.

Cuando el distrito escolar decidió incorporar el iPad a las clases, le encargó a un equipo de cinco profesores la tarea de presentar un listado de recomendaciones sobre la mejor forma de enseñar con el dispositivo. El equipo estuvo dos días elaborando una lista exhaustiva de las mejores apps que se podían usar durante el curso escolar. Heimerl fue parte de ese equipo inicial y la experiencia le sirvió para descubrir el potencial didáctico del iPad.

El distrito escolar ya había desarrollado una matriz para evaluar las apps: ¿cumple con el objetivo de aprendizaje?, ¿ofrece retroalimentación inmediata?, ¿es la mejor app entre todas las opciones?, ¿se puede personalizar? Heimerl aplicó esos criterios rigurosamente para seleccionar las mejores apps para su clase de preescolar.

Una enseñanza personalizada dentro de cada carpeta.

Con 22 alumnos, Heimerl tenía el desafío de adaptar la clase al nivel de cada niño. Por eso, cuando el distrito escolar le dio un iPad a cada ​​alumno, decidió tratar de crear una experiencia de aprendizaje personalizada. Y resultó ser tan sencillo como crear carpetas. Heimerl instaló la misma biblioteca de apps en todos los iPad. Luego, arrastró las apps adecuadas para el nivel de cada alumno a las carpetas personalizadas. Por ejemplo, en la carpeta de matemáticas de un alumno puso una app de reconocimiento de números. En la de otro alumno preparado para el siguiente nivel, puso una app de suma y resta.

Crear carpetas de apps parecía algo básico, pero marcó la diferencia. Cuando los alumnos recogieron sus iPad, sólo tuvieron que abrir la carpeta correspondiente y ponerse a trabajar. Tener materiales de aprendizaje según el nivel de cada alumno ayudó a que avanzaran mucho más rápido. “Todo lo que hacen en sus iPad se verifica automáticamente, por lo que pueden ver el resultado de inmediato y continuar sin que yo esté junto a ellos”, señala Heimerl. “Tienen la libertad de avanzar a su propio ritmo.”

Una lección para compartir.

Los alumnos de Heimerl tienen un deseo innato por mostrar a sus compañeros lo que hacen con el iPad. “Les gusta compartir lo que aprendieron, lo que pueden hacer o lo que descubrieron”, afirma Heimerl. “Pueden compartir sus conocimientos con sus amigos y ser los maestros.”

Le encanta que el iPad aliente a sus alumnos a pensar de forma independiente. “Mis alumnos encuentran sus propias maneras creativas de hacer algo o de llegar a algún lugar”, apunta Heimerl. Y cuando ve que hacen algo interesante en el iPad, lo proyecta para compartirlo con el resto de la clase. “De repente todos los niños quieren probar algo nuevo”.

“Cada alumno aprende de forma diferente. Pero como están más emocionados e involucrados con el iPad, tienden a concentrarse más”.