La batería incorpora un chip que se comunica con las celdas para supervisar hasta el último detalle de su funcionamiento, desde el nivel de carga hasta la temperatura. El chip remite esta información al ordenador, que emplea un complejo algoritmo para determinar la corriente de carga más adecuada. Todo este sistema forma parte de una tecnología desarrollada por Apple llamada Adaptive Charging, que prolonga la vida útil de la batería.