Rory Goss
Estudiante de Empresariales
en la Universidad de Ulster (Belfast), promoción de 2029
No se trata de lo que he perdido, sino de lo que he encontrado: resiliencia, paciencia y el conocimiento del papel crucial que la tecnología puede desempeñar en la accesibilidad.
Un día invernal en enero de 2024, Rory Goss, de 16 años, experimentó algo inquietante durante la clase de construcción en la Abbey Christian Brothers’ Grammar School de Newry, en Irlanda del Norte. Ya no podía ver la pizarra del aula.
Rory era un alumno sobresaliente de undécimo curso que se preparaba para obtener el título de bachillerato y estaba a punto de solicitar plaza en la universidad. Le apasionaban el golf y los coches, y tenía ganas de empezar a ir a la autoescuela. No tenía ni idea de lo que le estaba pasando en la vista.
En cuestión de semanas, se le diagnosticó una neuropatía óptica hereditaria de Leber, una rara afección genética que daña el nervio óptico y puede provocar una pérdida repentina y grave de la visión. En los seis meses siguientes, su vista se deterioró un 95 %, lo que significa que era legalmente ciego cuando comenzó los exámenes de su duodécimo curso.
Cuando te pasa algo como esto, puedes sentir lástima por ti mismo o puedes pensar: Voy a ponerle remedio, porque tiene que haber una manera.
Mientras estaba en el hospital, Rory comenzó a explorar las funciones de accesibilidad integradas en su iPhone. Con Zoom y Texto Más Grande, logró ver mejor lo que había en pantalla, y VoiceOver le permitió oírlo en voz alta. Así descubrió que la tecnología podría ser la respuesta a su futuro. «Para la mayoría de la gente, no sería gran cosa, pero para mí fue un paso enorme», dice. «Pensé que, si podía aprender a usar mi móvil, todas las demás piezas encajarían.»
Cuando llegó a casa, se pasó horas familiarizándose con las funciones de accesibilidad integradas en el Mac. Utilizaba Zoom y Seguir Foco para ampliar la pantalla y leer el texto mientras escribía. El texto en el monitor de alta resolución Studio Display de Apple se mantenía nítido después de ampliarlo. Aumentó el tamaño del texto en las apps y descubrió que podía escanear documentos directamente del iPhone al Mac con Cámara de Continuidad.
Ya de vuelta en clase, estas prestaciones le permitieron seguir aprendiendo y mantener su media de sobresaliente. Como las prestaciones son iguales en todos los productos Apple, solo tuvo que aprender a usarlas una vez. Utilizaba el iPhone para capturar información de la pizarra o las notas de un compañero, que se sincronizaban con su Mac a través de iCloud. Gracias a estas herramientas, ha podido seguir estudiando y aprendiendo junto con el resto de la clase.
La accesibilidad con Apple es un punto de partida, no algo secundario.
Su profesora, Phyllis McQuillan, es una firme defensora de la accesibilidad. «Si no hubiera tenido dispositivos Apple, creo que no habría podido terminar el bachillerato. Fue capaz de tomar las riendas de su aprendizaje.»
Para Rory, la confianza y la conexión que logró significaron todo. «La tecnología me ha permitido ser autónomo. Gracias a ella, siento que he sido yo quien ha conseguido llegar.»
Al año siguiente, Rory obtuvo tres A-Levels, la puntuación más alta posible, y un promedio de más del 90 %, lo que lo situó entre los mejores de su centro. Ahora estudia Empresariales en la Universidad de Ulster, en Belfast, y está construyendo un futuro que antes parecía incierto. Sigue ayudándose del MacBook en sus estudios individuales y trabajos en grupo. Gracias a su resiliencia e ingenio, demostró que con las herramientas adecuadas, el potencial no desaparece, sino que se adapta.