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McIntosh S.E.E.D. es una de las tantas organizaciones del Sur de Estados Unidos que está trabajando para promover la silvicultura sustentable, alcanzar la justicia racial y desarrollar la resiliencia climática.
Medio ambiente 15 de febrero de 2023
Las tierras del Sur Profundo de Estados Unidos esconden miles de recuerdos. Para Junetta O'Neal, propietaria de BoMax Ranch and Retreat en Crawfordville, Georgia, este suelo la lleva a sus antepasados, que lo trabajaron durante generaciones para que luego ella misma descubriera su pasión por la naturaleza la primera vez que se vio cara a cara con un caballo.
"Cuando llegué a BoMax por primera vez, experimenté una increíble tranquilidad. Era un lugar donde podía estar en paz y comunión con la naturaleza", recuerda O'Neal. "Fue como si me estuviera hablando, y me di cuenta de que hoy estoy donde estoy por mis antepasados: estoy aquí gracias a todo lo que ellos construyeron. Empecé a nombrar caminos en su honor y, luego de invitar a mis primos y hacerles sentir la conexión con esta tierra, confirmé que estaba avanzando en la dirección correcta con este proyecto de consolidar el legado de nuestra familia".
En todo el estado de Georgia y Sur rural de Estados Unidos, McIntosh S.E.E.D. trabaja por empoderar a los propietarios de tierras y educarlos en la gestión responsable y sustentable de sus producciones de madera.
O’Neal participa en uno de los programa de retención sustentable de tierras y bosques de McIntosh S.E.E.D. Junto a otros 20 propietarios de tierras, visitó el bosque comunitario de McIntosh S.E.E.D. el diciembre pasado en el condado de Long, en Georgia, para participar en una capacitación sobre silvicultura. O'Neal, sus colegas propietarios, hijos y nietos se unieron a expertos de este campo para aprender sobre los beneficios del raleo, la importancia de desmalezar y técnicas para medir e identificar especies de árboles con el fin de comprender su valor económico.
En 2015 y en colaboración con The Conservation Fund, McIntosh S.E.E.D. logró adquirir un bosque de unas 460 hectáreas que se transformó en el primer bosque comunitario de propiedad de personas de la comunidad negra en Estados Unidos. Mediante todos los esfuerzos educativos que realiza allí, la organización sin fines de lucro busca amplificar las voces de los propietarios negros y morenos que son parte del movimiento conservacionista.
"Queríamos tener un lugar donde poder invitar a propietarios de tierra reales y mostrarles in situ distintas prácticas sustentables", explica Cheryl Peterson, directora asistente de McIntosh S.E.E.D. "Esto pone a los propietarios en un lugar de poder".
Un hombre y una mujer con chalecos naranjas miden con una cinta troncos de árboles en un bosque.
El pasado diciembre, 20 propietarios participaron junto con sus familias de un curso de silvicultura en el bosque comunitario de McIntosh S.E.E.D. en el condado de Long, en Georgia.
Una mujer sostiene un dispositivo de medición en el bosque comunitario.
Durante la capacitación, los expertos en silvicultura enseñaron a los propietarios los beneficios del raleo, la importancia de desmalezar y técnicas para medir e identificar especies de árboles.
En el condado de McIntosh, esta organización sin fines de lucro y con base en Georgia es una de las entidades del Sur de Estados Unidos con las que trabaja The Conservation Fund, en asociación con Apple, que busca promover la silvicultura sustentable, alcanzar la justicia racial y desarrollar la resiliencia climática. A través de cursos, capacitaciones y programas pensados específicamente para la comunidad, McIntosh S.E.E.D. está desarrollando una estrategia que contemple tanto la retención de tierras de las comunidades negras, indígenas y de color como una mejora en las prácticas sustentables y que pueda expandirse a toda la región. La suma de los miles de bosques y granjas familiares, así como otras propiedades de instituciones negras (iglesias y universidades históricamente negras, sobre todo), le permitirá a la organización juntar la fuerza suficiente para hacer su aporte en la lucha contra el cambio climático, promoviendo el uso de prácticas recomendadas que favorezcan la adaptación y resiliencia climáticas en tierras de propiedad privada.
"Si queremos desarrollar la justicia y hacer frente al cambio climático, tenemos que juntar recursos y asociarnos con organizaciones que tengan experiencia real", expresa Lisa Jackson, vicepresidenta de Environment, Policy, and Social Initiatives de Apple. "Siempre creí que las soluciones más efectivas eran aquellas que surgían al dotar de protagonismo a las comunidades más vulnerables en vez de ignorarlas. En lugares como el condado de McIntosh, las familias están haciendo causa común para preservar la tierra que nos sostiene a todos".
Cheryl Peterson, de McIntosh S.E.E.D., de pie al aire libre.
Cheryl Peterson, directora asistente de McIntosh S.E.E.D., trabaja en la organización desde 2008 y siente pasión por empoderar familias y comunidades. "Por lo general, no existen muchos silvicultores negros profesionales", explica. "Queremos desarrollar esta industria y prepararla para que nuestros hijos puedan contar con esta opción de empleo en un futuro si así lo desean".
Ubicado en la costa sur de Georgia, el condado de McIntosh es hogar de muchas de las comunidades negras, indígenas y de color sureñas que McIntosh S.E.E.D. busca preservar.
"Existen muy pocos empleos bien remunerados o con salarios dignos en esta zona", explica Peterson. "Es muy difícil para las personas de aquí cambiar el futuro de sus familias porque todos terminan por encontrarse con un límite impuesto por sus ingresos. Y esto es algo que veo en Georgia, Alabama o Mississippi. Todas esas dinámicas son propias de una comunidad marginal".
En la ciudad costera de Darien en el condado de McIntosh, con una población de un poco más de 1,500 personas, la organización echó raíces para enfocarse en la educación y promoción de las familias y propietarios de tierras negros de la zona.
La organización cuenta con distintos programas diseñados para consolidar las comunidades locales, capacitando y empoderando a los propietarios mediante herramientas que les permitan administrar sus tierras de forma responsable.
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Esto incluye lidiar con las consecuencias del cambio climático, que van desde sequías severas y olas de calor extremo que arruinan las cosechas hasta tormentas tropicales y huracanes cada vez más frecuentes que causan evacuaciones.
"Existen personas que perdieron sus hogares y tuvieron que mudarse porque no pudieron afrontar los gastos de tener que reparar su casa tras una inundación o luego de que un árbol cayera sobre ella", afirma Peterson. "Como resultado de estos factores ambientales, muchas familias corren graves peligros, ya que muchas no pueden darse el lujo de evacuar cuando hay que hacerlo. La situación en nuestra zona no mejorará y mucho menos para aquellos que viven sobre la costa en un clima que no hace más que empeorar".
Si bien en sus inicios en 1998 McIntosh S.E.E.D. puso su foco inicial en las necesidades propias de las comunidades costeras del condado, Peterson y el director ejecutivo John Littles siempre tuvieron en mente ampliar el trabajo y llegar a más comunidades de todo el llamado Sur Profundo de Estados Unidos.
"No queríamos terminar transformándonos en una 'cubeta de cangrejos', como decimos por aquí, en la que todos los cangrejos terminan por jalar hacia abajo al que está a punto de escapar del cautiverio", explica Peterson. "Por el contrario, queríamos estrechar brazos y lograr rescatar a tantas personas y comunidades marginadas como nos fuera posible, lo cual es aún hoy uno de nuestros principios rectores".
John Littles, de McIntosh S.E.E.D., parado al aire libre.
Como parte de sus primeros proyectos en McIntosh S.E.E.D., el director ejecutivo John Littles se adentró en el Sur de Estados Unidos para conocer a propietarios de tierras y analizar disparidades culturales de antaño. "Una persona de pocos ingresos no presta atención a ciertos problemas porque debe lidiar antes con cientos de otros obstáculos", explica.
En sus primeros pasos con propietarios y productores agrícolas, Littles y Peterson se adentraron en el Sur de Estados Unidos por los caminos de Georgia, Mississippi y Alabama. Empezaron a darse cuenta de que los bosques de las zonas más pudientes y con población mayoritariamente blanca eran distintos en comparación con las comunidades predominantemente negras y empobrecidas.
Mientras investigaba con qué recursos de gestión contaban los propietarios de tierras con los que ya trabajaba McIntosh S.E.E.D., Littles comenzó a percatarse de que la degradación de la tierra de las comunidades negras, indígenas y de color no estaba sólo ligada a una falta de conciencia, sino que también existían razones culturales.
"En nuestra comunidad, siempre se percibió la propiedad como una responsabilidad y no como un recurso", explica Littles. "También nos enteramos de todas las injusticias que sufría nuestra comunidad, víctima de distintas personas que no estaban dispuestas a pagar un precio justo por la madera o el terreno, o que destruían todo al hacer la tala. Nada bueno para nuestra gente. Ni para el medio ambiente".
Durante los últimos diez años, McIntosh S.E.E.D. se asoció con The Conservation Fund para identificar oportunidades en materia de gestión sustentable de la tierra a través de esfuerzos de protección que benefician tanto a la naturaleza como a las comunidades que viven en las inmediaciones.
"La pérdida de los bosques debido al desarrollo o a la deforestación termina por generar emisiones de carbono significativas", comenta Evan Smith, vicepresidente sénior de Conservation Ventures de The Conservation Fund. "Esto contribuye a acelerar el cambio climático y, a su vez, reduce la posibilidad del suelo de responder a tales cambios y adaptarse".
Un grupo reunido en una de las capacitaciones de McIntosh S.E.E.D.
A través de cursos, capacitaciones y programas pensados específicamente para la comunidad, McIntosh S.E.E.D. está desarrollando una estrategia que contemple tanto la retención de tierras de las comunidades negras, indígenas y de color como una mejora en las prácticas sustentables y que pueda expandirse a toda la región.
Wilson Moran parado al aire libre.
Wilson Moran, exmiembro de la junta de McIntosh S.E.E.D., creció cerca del refugio nacional para la vida silvestre Harris Neck, en Townsend, Georgia. Esta zona es hogar de sus antepasados Gullah Geechee, cuya pujante comunidad fue desplazada por el gobierno de Estados Unidos durante las expropiaciones de la Segunda Guerra Mundial.
Es imperioso hacer frente y resolver las injusticias que sufren las comunidades negras y morenas del Sur de Estados Unidos.
"En el Sur de Estados Unidos se da una especie de paradoja, ya que es una de las zonas con mayor emisión de carbono del país donde también se pierden bosques que, a su vez, son una herramienta increíblemente poderosa a la hora de reducir los efectos del cambio climático", explica Smith. "Y, al mismo tiempo, estas poblaciones son muy propensas a tener que desplazarse por el cambio climático y a sufrir sus consecuencias".
En su búsqueda de oportunidades de acción en el Sur, The Conservation Fund detectó todo el trabajo que McIntosh S.E.E.D. estaba haciendo en la intersección entre raza, medio ambiente y comunidad. Los programas de McIntosh S.E.E.D. ya estaban diseñados para fortalecer a las comunidades locales, ayudarles a comprender las consecuencias del clima en sus hogares, hacerse cargo de ellas, obtener acceso a recursos naturales, y educar y empoderar a los propietarios de tierras con todas las herramientas necesarias para tomar responsabilidad de su rol.
"Una persona de pocos ingresos no presta atención a ciertos problemas porque debe lidiar antes con cientos de otros obstáculos", explica Littles. El primer paso es educar sobre el clima y cómo afecta a las familias, a las tierras y a la comunidad, para luego pasar a reflexionar sobre el papel que desempeñamos en el cambio climático los propietarios de tierra y cómo lograr convertirnos en mejores gestores.
En el bosque comunitario, Peterson dirige la atención de los participantes del curso y habla directamente a los más jóvenes en la audiencia para hacerles entender la responsabilidad que tendrán una vez que las tierras de sus familias pasen a sus manos. Parece estar en completa armonía con el bosque, consciente de sus beneficios, su valor y la importancia de cuidar la tierra para las generaciones que vienen.
 "Por lo general, no existen muchos silvicultores negros profesionales", dice Peterson. "Queremos desarrollar esta industria y preparar a nuestros hijos para que cuenten con esta opción de empleo en un futuro si así lo desean. Pero si queremos que eso suceda, primero debemos generarles una conexión con esta tierra".
El compromiso de Peterson de empoderar a las familias y comunidades está inspirado por sus ancestros, que dejaron en ella el deseo innato de servir a los demás. "Mi bisabuela nos habló sobre la importancia de compartir", relata, para luego recordar cómo dividía un chicle para que alcanzara para Peterson y sus 12 primos. Esa anécdota pasaría de generación en generación en encuentros familiares como símbolo de que siempre hay que ser una familia dispuesta a dar, sin importar lo que se tenga.
"No estaré aquí para siempre", dice Peterson. "Legar todo este conocimiento a la siguiente generación me asegura que, una vez que haya partido, quienes vengan después de mí no perderán sus tierras. Mi bisabuelo trabajaba en la industria de la madera para pasta de papel, y todo lo que tenemos en esta familia se lo debemos a él y a todo su esfuerzo. Tenemos hoy estas tierras gracias a los callos en las manos de mi bisabuelo y a los callos en las manos y las cicatrices en las espaldas de los antepasados de tantas otras familias. Está en nosotros continuar con este legado".
Un niño mira un árbol en un bosque.
McIntosh S.E.E.D. trabaja por garantizar un futuro próspero para las generaciones del futuro, inculcando en los más pequeños la importancia de cuidar la propiedad de sus familias y de gestionar correctamente la tierra.
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